Gestiona las citas del día
La agenda es el lugar donde vas a vivir. Los estados de cada cita no son decoración: son el dato del que salen todos tus reportes.
Hasta acá configuraste. Desde acá, operas. La agenda es la pantalla en la que tu equipo va a pasar el día, y casi todo se hace sobre ella: crear una cita, moverla, cobrarla, cerrarla.
Los estados son datos, no adornos
Cada cita pasa por un estado: reservada, confirmada, atendida, no llegó, cancelada. Es tentador ignorarlos —total, tú sabes lo que pasó— y es exactamente ahí donde el sistema empieza a mentirte.
Porque de esos estados salen tres cosas que vas a querer más adelante:
- Tu ocupación real. Una cita marcada como atendida es tiempo trabajado. Una que se canceló, no. Si nadie marca nada, tu reporte de ocupación es una lista de intenciones.
- Cuánta gente te deja plantado. Solo lo sabes si «no llegó» se marca como «no llegó», y no como «atendido» para no dejar la agenda en rojo. Ese pudor cuesta caro: es el número que te diría si tienes un problema de recordatorios.
- La producción de cada persona. Lo que cada profesional atendió, que es la base de su comisión.
Qué se entera el cliente
Esta es la pregunta que más aparece en el mostrador, y la respuesta es simple: el cliente recibe un mensaje cuando tú tienes una automatización activa para ese evento. Si no la tienes, la cita cambia en silencio.
Vale la pena tenerlo claro antes de mover una cita: reagendar a un cliente que no se entera es peor que no reagendarlo. Lo verás completo en la lección sobre recordatorios.
El cliente también puede hacerlo solo
Los mensajes que recibe tu cliente traen botones para confirmar, reagendar o cancelar sin escribirte. Suena a que pierdes el control, y es al revés: cada cancelación que llega por ahí es un hueco que se libera a tiempo y que otro cliente puede tomar. La cancelación que hace daño no es la que avisan: es la que no.
